viernes, 4 de junio de 2010

El mundo de los sueños y la realidad

Se durmió y dejó que los sueños la envolvieran. Estaba cansada de su hogar, quería conocer algo nuevo, que jamás hubiera visto. Cuando quedó profundamente dormida, apareció en un campo. Empezó a amdar sin saber a donde iba.

-Ina- dijo alguien a lo lejos. Ella miró hacia todos lados, pero no vio a nadie.

Continuó caminando algo más intranquila cuando de pronto.

-Ina- este sonó mucho más cerca. Sin embargo, no había nadie.

Siguió caminando, alerta a cada paso, pues la voz podia volver a aparecer.

-Ina- este sonó tranquilizador, pero aun así, ella seguía teniendo miedo.

Dio otro paso, pero por poco cayó, pues había un acantilado. Miró el mar. Algo se acercaba, algo que iba creciendo bajo el agua. Se acercaba a ellla. De pronto, apareció un remolino en el agua que empezó a tirar de ella hasta que cayó al centro del remolino. Era estraño, pues en el interior del remolino no había agua, sino aire. Empezó a ver imágenes de sus recuerdos, y de lugares en los que nunca había estado, pero que le resultaban familiares. De repente empezó a notar que se ahogaba, que cada vez se hundia más y veía el cielo y el acantilado nuy lejos de ella. Era ese su fin?

-Ina- la voz resonó en su cabeza, ahora era una voz familiar, dulce y cálida.

Abrió los ojos y se encontró en el campo en el que había estado antes.

-Ina- sonó la voz. Ella se giró, y allí estaba el que la había estado llamando. Era un chico de pelo negro y alborotado.

-Por fin despiertas- dijo con una amplia sonrisa.

-¿Quién eres y donde estoy?

-En primer lugar soy Ed y estas en casa.

-No, esto... es... un...sueño, verdad?

-No, esto es real. Pero aveces pasa.

-¿El que?

-Vivir en el mundo de los sueños y soñar en la realidad.

-Pero, yo...no se, ¿los sueños no nos enseñan lo que queremos?

-Sí, pero aveces acabas por creer que vives en ese mundo y todo lo ves normal y crees que tus sueños no són reales. Pero en fin, bienvenida a casa.

lunes, 31 de mayo de 2010

Carrera

Caminaba por las calles con mucha prisa. Llevaba tres años imaginando ese momento. Lo que no había previsto era que tuviera que correr por las estrechas calles del pueblo. Se cruzaba con conocidos y aceleraba para que no la pararan a preguntarle como estaba. Luego, los conocidos se estrañaban y murmuraban: "Será posible, ¿que le pasará a Kira?". Corrió como nunca lo había hecho. Empezó a ver la fuente de la plaza a lo lejos y empezó a pensar lo que diría. Finalmente llegó. Se plantó frente un chico de pelo moreno y alborotado y mirada penetrante.

-Hola, siento llegar tarde. He de decirte algo - dijo recuperando el aliento.

viernes, 19 de marzo de 2010

El chico de la playa

No sabía si decirle algo. Estaba allí sentado en la arena de la playa, i miraba fijamente el mar. El viento revolvía su pelo negro. Tras largo rato de pensarlo, me decidí a decirle algo. Empezé a caminar hacia él. Cuando llegué, se me hizo un nudo en la barriga. Había estado mucho rato observándole i pensando qué iba a decirle cuando estuviera delante suyo, ¿porqué no sabía qué decir?
-Hola- dije al final. Él ni se immutó.
-¿No es bonito el oleaje?
-Sí- dije. La pregunta me sorprendió.
-Entonces, ¿porqué me mirabas todo el rato?- dijo girando la cabeza para mirarme. Vi que sus ojos eran de un color azul muy intenso.
-No sé...supongo que quería saber porqué vienes aquí todos los días.
-Espero a alguien.
-¿Todos los días?
-Sí, es que...és especial.
-¿A quién esperas?
-A ti.

domingo, 14 de marzo de 2010

El perro del bosque nevado

Caminaba sin rumbo por el bosque. Estaba todo nevado. No sabía porqué, pero a cada paso que daba, algo me decía que no mirara atrás, que continuara caminando...sentía que iba a encontrar algo extraordinario. Aquella sensación era cada vez más fuerte. De repente, sentí que algo se movía detrás de mí. Me giré esperando no ver nada, pero...Lo vi. Había una espécie de lobo que me observaba. Tenía los ojos azules como el hielo y el pelo blanco y negro. Era el perro más bonito que había visto nunca. El perro empezó a llorar. No pude resistirlo y lo abrazé. No sabía porqué. Quizás porque me entristecía su llanto o porque era precioso. El perro dejó de llorar. Yo desice el abrazo y le miré. El perro se alejó un poco y una luz lo envolvió. La luz se hizo tan intensa que tuve que cerrar los ojos. Cuando los abrí, me quedé asombrada. En lugar del perro, había un chico muy apuesto con unos ojos azules como el hielo.


-Gracias. Soy Kiran.


-Yo soy Arabela, pero como...


-Es difícil de explicar.

viernes, 8 de enero de 2010

La oscuridad

Voy a contaros una historia. Me llamo Aline. Una vez me adoptó un hombre, me llevó a su casa del bosque. El hombre era extraño, era muy solitario, entonces...¿Por qué me adoptó? Me cuidó como si fuera su hija, me enseñó todo lo que sabía sobre plantas, animales etc. Entonces, cuando ya lo supe todo, me dijo: "Ve al bosque pequeña". Como me dijo fui al bosque. Allí, empecé a notar como los matorrales se movían a mi paso, como si algo me acechara. Tras caminar largo rato, algo me atacó y luego le siguieron más. Entre las sombras que me envolvían le vi a él. Me miraba y se reía de lo que estaba ocurriendome. Las sombras me arañaban y me hacían heridas graves. No pude evitar que las lágrimas resbalaran por mis mejillas. Otra vida destrozada, otro padre falso que me había abandonado,...otro engaño más, todas las veces que me dijo que sería la última vez que cambiaría de casa no mentía. Iba a morir. Sin embargo, las veces que me decía que me quería mucho y que nunca dejaría que me pasara nada...mentía. Fue tal la rabia que sentí que, no sé como ni porqué, empecé a brillar como una estrella, ahuyentando a las sombras. El hombre dejó de reír, su rostro era más bien preocupado. ¿Acaso me había muerto y brillaba porque era un ángel? Y si era así, ¿porqué no tenía alas? La lluvia empezó a caer, pero mi brillo no se apagó. Al ver su reacción asustadiza, di un paso hacia adelante, y él salió corriendo. Vi como se alejaba otro padre más, vi como la tierra le ensuciaba la ropa y lo último que vi de aquel hombre solitario, fue como las sombras se le echaban encima y desaparecía entre ellas. De repente, la oscuridad lo invadió todo, y solo yo brillaba en ella, con aquella luz resplandeciente. Todo lo demás...era oscuridad.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La luz de Adile

En cuano formuló el primer hechizo, una luz chispeante salió de sus dedos y luego, se desvaneció. Así sucesivamente hasta que ya no pudo más. "Soy una maga" se decía a sí misma. Aunque solamente era una aprendiza de hechizera, era muy habilidosa. Probó con otro hechizo: el de invocar a una estrella. "Saevam, traevam, ictus pictus thomrae, guronectus sanerectus o mai estelerectus, dae thom ei, istrela dun la fir". En un resplanor la estrella se presentó ante ella. Era joven y tenía el pelo ondulado y largo hasta media espalda; sus ojos eran de un color zafiro como nunca había visto antes. "¿Que quieres de mi?"preguntó la estrella. "Quiero que busques la luz de Adile y se la devuelvas" le respondió la joven maga. "Bien sabes mortal, que una luz como la de Adile no se encuentra fácilmente" le explicó la estrella. "Y si te dijera donde esta...¿La irías a buscar?"preguntó la chica. "Claro que sí mortal"respondió la estrella. "Entonces ve, y encuentra la luz de Adile".

sábado, 24 de octubre de 2009

El pájaro de fuego

El cansancio me ganaba. Debía seguir adelante aunque, mis pies, congelados por la nieve y descalzos, ya no respondían. ¿Qué había hecho yo para merecer eso? Al no poder seguir adelante, me refugié de la tormenta de nieve en una pequeña aunque acogedora cueva. Me estiré en su suelo y entonces noté que estaba caliente. "Es estraño pero al menos no tendré frío" pensé. Se estaba tan bien allí que me dormí. A medianoche me levanté alterada, la tormenta había cesado y, ahora el cielo estaba estrellado. Otra vez ese ruido. Una espécie de aleteos y graznidos al final de la cueva. Me levanté y avanzé hasta allí. Me quedé sorprendida de que la cueva continuara y estuve a punto de retroceder y volver al pueblado, pues el graznido era más fuerte. Al girar la esquina, un destello de luz me eslumbró tan intesamente que tue que cerrar los ojos. Cuando pude abrirlos me quedé maravillada. Un enorme pájaro de fuego se alzaba ante mí, mirándome estrañado. Estaba encadenado y dudé si soltarle o no. Al final la hice, liberé al hermoso fénix y este me hizo una espécie de reveréncia en señal de agradecimiento y entonces, echó a volar. En ese mismo instante en que el fénix levantó las patas, el calor de la cueva desapareció.